miércoles, 30 de noviembre de 2016



Equipaje


Anoche, sobre mi lecho,
entre sueños y suspiros,
con la luna en la ventana
y el corazón tranquilo,
vine de pronto a pensar
en el final del camino.

No era un impulso triste
ni me sentía deprimido,
más bien un momento alegre,
relajado y divertido
que me llevó a organizarme
como un hombre precavido.

Inventarié el equipaje
para mi eterno destino;
pocas cosas, las precisas,
nada ocioso ni aburrido,
que allí estaré mucho tiempo,
quizás hasta el infinito.

Lo repasé con cuidado,
Elegí lo preferido
de entre todo lo que tengo,
lo vivido y lo sentido.

Tal vez una primavera,
con cielo de azul teñido,
el tomar entre mis brazos
mis hijos recién nacidos,
el primer beso de amor
en aquel rincón prohibido,
o la vez que me miraron
dos ojos agradecidos.

Pero faltaba un detalle,
para completar mi hatillo,
algo que enriqueciese
mi vida en el paraíso.
Repasé de entre tanta vida
que es lo que hubiese elegido
si en la aduana del cielo
hubiese un papel escrito
que en letras de oro dijese
“Solo un bien es permitido”.
Supe entonces que sería
todo lo que me has querido.



Fernando©

(Reeditado)

jueves, 7 de mayo de 2015









De tus palabras me hiero


Y tu, mujer, ¿Porqué dices que me quieres?
Llenas tu boca de palabras,
embriagadoras,
enviadas en misivas dulces,
que son como arpones,
de suave y penetrante acero.
Los lanzas desde lo imposible y,
férreamente, me atrapan,
uniéndome en ti a un fatal sueño.
Dolorido estoy,
herido de amor y fracaso,
yaciendo, yerto,
con mi yo magullado,
y amándome sólo yo,
como queriendo enamorarme,
imposiblemente,
de lo poco que queda de mi.


Fernando©
7 de mayo de 2015