
El sol del crepúsculo de la tarde
enciende las luces blancas del diestro
que, ojos al cielo, reza un Padrenuestro
pidiendo a la Esperanza que lo guarde.
En la Maestranza, Triana entera arde
porque este niño grande, que es tan nuestro,
demostrará a Sevilla que es maestro
y que ningún gitano es un cobarde.
Cuando sale al fin con la muleta
busca, montera en mano, en el tendido
...¿donde están su mantilla y su peineta?
Toda la plaza, el aire contenido,
envidia a una gitana muy coqueta
que sin lucha al valiente ya ha rendido.
Fernando©